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domingo, 14 de enero de 2018

DISCOS DEL EXILIO RESCATADOS: "¡SALUD!" DE JULIO MATITO (1976. ALEMANIA).

Algo que siempre me ha resultado apasionante a lo largo de mi "vida entre canciones" ha sido explorar en la historia de la "canción de autor" a la búsqueda, y al encuentro, de una de sus principales señas de identidad: Su desmedido y apasionado posicionamiento en defensa de la "LIBERTAD", y su actitud, siempre crítica, ante todo lo que, en todos los ámbitos de la existencia, pretendiera anularla o reprimirla.

En ese contexto, me ha resultado especialmente apasionante conocer, escuchar y analizar la que suelo llamar "canción del exilio"; canción grabada durante los años sesenta y setenta fuera de España; por lo general, descarada y felizmente antifranquista; de carácter revolucionario; y por supuesto liderada por "creadores" situados políticamente en la antípodas de la dictadura.

Uno de esos creadores fue JULIO MATITO, bajista y voz del grupo SMASH –mítico grupo pionero del rock andaluz– puesto en marcha en 1968 y disuelto en 1973.

Julio Matito.

Tras la disolución de Smach, Julio creó otro nuevo grupo llamado "La Cooperativa"; grabó un single con dos canciones –"Al despertar" y "Tú"– y, tres meses después, decidió retirarse del mundo de la música.

Retirado en Chipiona –donde montó un "chiringuito"– Julio conoció a un Felipe González –por entonces verdaderamente socialista y revolucionario– que acaba de ser elegido secretario genera del PSOE. Con su característico poder de seducción Felipe consiguió que se implicara en el partido, y que volviera a cantar en apoyo al PSOE y a sus mítines y campañas. 

(No olvidemos que en aquellas mismas circunstancias, en Andalucía, Carlos Cano había optado por apoyar al Partido Socialista Andaluz y había compuesto su canción "Por un poder andaluz", y que el Partido Comunista se había insinuado a Antonio Mata sin conseguir seducirle.)

Embarcado en esa nueva aventura político-musical Julio en 1976 grabó un LP en Sevilla que fue editado en Alemania y que nunca se distribuyó en España; disco descaradamente creado en apoyo al PSOE y en defensa de los derechos humanos y los valores auténticamente democráticos, al que tituló "¡SALUD!".

Cubierta del disco de Julio Matito en la que
aparece la imagen de Pablo Iglesias, fundador del PSOE
.

En este LP Julio Matito incluyó nueve canciones, cinco compuestas por él –letra y música–, y cuatro compuestas sobre poemas de José Miranda de Sardi, escritor y político de Chipiona (Cádiz) fusilado en 1936. Concretamente esas nueve canciones fueron las siguientes:

1. Burgués (José Miranda de Sardi - Julio Matito).
2. Andaluces (Julio Matito).
3. Maldición (José Miranda de Sardi - Julio Matito).
4. En memoria de un dictador (Julio Matito).
5. Poema a José Miranda (Julio Matito).
6. Pistolas (José Miranda de Sardi - Julio Matito).
7. Razones (José Miranda de Sardi - Julio Matito).
8. Amada mía (Julio Matito).
9. Explosión (Julio Matito).

Curiosamente, en aquel disco, sobre el fondo de la bandera republicana, aparecía el siguiente texto de Felipe Gonzalez que nos devuelve la bendita "memoria":


«El socialismo ha luchado siempre por liberar al hombre de sus cadenas socioeconómicas. De esta ruptura surgirá necesariamente un hombre nuevo: individuos que parten de sí mismos dentro de unas relaciones y condiciones históricas socialistas.

En la certeza de que ese momento no está lejos, los actuales socialistas queremos evitar la tentación idealista de quien olvida la actualidad de los medios para el cambio de la estructura socioeconómica y también la tentación cientifista de quien se niega a imaginar el hombre futuro.

Por el contrario, creemos que el nuevo hombre socialista y la nueva cultura que produzca, está ocurriendo ya dentro de la militancia de la lucha política y cultural.

Y con esta lucha, pretendemos que nos sea devuelta la producción de los objetos externos necesarios para nuestros impulsos; y ello mediante el cambio de las relaciones en que dicha producción se alinea dentro de una sociedad capitalista.

Queremos responder históricamente a lo que somos por naturaleza y cultura.»

Poco tiempo después de la edición de este disco, JULIO MATITO, bastante decepcionado por el desarrollo de la verdadera práctica política, decidió cambiar de rumbo y volver al rock itentando retomar el gran proyecto de SMASH. Lamentablemente Julio falleció en un accidente de coche el 13 de julio de 1979 a la edad de treinta y tres años.

Para concluir este "cuelgue" me parece interesante compartir el siguiente enlace de youtube en el que puede escucharse completo el disco "¡SALUD!" de Julio Matito:


sábado, 13 de enero de 2018

"MI VIDA ENTRE CANCIONES". CAPÍTULO 16.



Carlos Cano ha sido, sin la menor duda, uno de los cantautores y amigos a los que más he admirado y querido a lo largo de mi vida. Sus composiciones y los años en que compartimos una intensa amistad (junto a Alicia, Tonona y los hijos) han sido parte muy importante de «mi vida entre canciones». Lo fueron y aún lo siguen siendo, porque es imposible olvidar lo mucho que compartimos, reímos, trabajamos y soñamos juntos.

La primera vez que supe de la existencia de Carlos y que le escuché cantar fue a través de su primer LP, A duras penas; disco de referencia que me dejó tremendamente impactado. Una obra (por cierto, hoy perfectamente recuperable) en la que se funden una calidad humana de una sensibilidad extraordinaria (hasta en el quejido y la amargura); una conciencia social desgarrada (que Enrique Morente reforzó) y un sentido del humor muy fino que, cuando Carlos se lo proponía (porque era necesario) podía llegar a ser mordazmente hiriente. Todo ello sobre la base de unas composiciones musicales y una forma de cantar de raíz sureña que ya, desde aquel primer momento, transpiraba un sabor y unos aires verdaderamente populares. Al escuchar a Carlos nunca pude dejar de pensar en Antonio Machado en la voz de Juan de Mairena. Él de verdad canta como «el pueblo lo siente y lo piensa, y así como lo expresa y plasma en la lengua que él más que nadie ha contribuido a formar».


Fue tanto lo que me prendió aquel primer disco de Carlos que, cuando tuve la oportunidad de empezar a redactar mis crónicas en el periódico escolar Saeta Azul, le dediqué una de ellas. Se publicó en la segunda quincena de marzo de 1977, Carlos Cano y la Nueva Canción Andaluza. El alcance que llegó a tener aquel artículo fue sorprendente, en particular por tratarse de un periódico tan bien distribuido en Andalucía. Recuerdo muy bien que aquel número de la revista (el 56) tuvo que reeditarse.

En el momento en que publiqué aquella crónica, Carlos estaba grabando su segundo LP, A la luz de los cantares. Un buen día, cuando ya lo tuvo terminado y a punto de publicar, me llamó por teléfono Antonio Muñoz, que en aquel momento era su manager y su mano derecha.

Antonio, consciente de la trascendencia que había tenido el artículo publicado en Saeta Azul sobre A duras penas, me preguntó si era posible hacer algo similar con el nuevo disco. Yo estaba a punto de dejar el periódico por sobrecarga de trabajo pero, por supuesto, le dije que sí. Tenía curiosidad, estaba convencido de que aquel segundo disco de Carlos Cano sería tan bueno como el primero y de que merecería la pena escribir sobre él y recomendarlo.

Por su parte, Antonio me informó de que Carlos y él iban a estar próximamente en Madrid de promoción (ellos vivían en Granada) y que si me parecía bien y me apetecía podríamos concertar una entrevista para conocernos y charlar.


Recibido el nuevo disco, escribí y publiqué la crónica correspondiente y, una vez que el periódico estuvo distribuido, llamé a Antonio y a Carlos, que estaban en Madrid. Decidimos citarnos los tres en el hotel Abeba, donde se hospedaban. El encuentro fue inolvidable. Carlos me habló de su nuevo proyecto, Crónicas granadinas, prolongamos la entrevista con una cena y aquel día marcó el inicio de nuestra amistad.

A partir de entonces, entre 1978 y 1983, fue rara la semana en que no nos llamáramos por teléfono o el mes en que Carlos y yo no nos encontráramos en Granada, en Madrid, en Sevilla (en casa de Diego de los Santos) o en Barcelona, donde teníamos amigos comunes como Carlos Herrera, Antonio Guerrero o Nuria Ribó.

En aquellos años Carlos grabó y pudimos disfrutar sus Crónicas granadinas (1978), De la luna y el sol (1980) y El gallo de Morón (1981). Tres hermosísimos discos que, lamentablemente, no llegaron a tener, al menos fuera de Andalucía, la valoración que en justicia merecían.


Ante esta situación, cuando Carlos empezó a pensar en su siguiente disco, que se titularía Si estuvieran abiertas todas las puertas, decidimos pasar unos días en una casa que había alquilado yo en la sierra de Madrid para charlar con calma y pensar qué podríamos hacer para promocionar el nuevo disco por todo el país con mejores resultados.

Una de las posibles acciones que se me ocurrieron y que le propuse a Carlos fue escribir un libro con su biografía que podríamos publicar haciéndolo coincidir con la salida al mercado del nuevo disco, prevista para finales de 1983. A Carlos le pareció bien. El problema que se nos planteaba no era escribirlo, ya le conocía bien y además tenía suficiente tiempo para hacerlo, el problema era quién podría editarlo.

Enseguida pensé en la magnífica colección Los Juglares de la Editorial Júcar. En aquel momento ya habían aparecido en ella, entre otras, las biografías de Dylan, Jacques Brel, Brassens, Serrat, Pi de la Serra, Víctor Manuel, Labordeta, Vainica Doble, Raimon y Aute.

Nada más regresar de la sierra solicité una entrevista a María de Calonje y a Silverio Cañada, que en aquel momento dirigían lo colección, y les conté el proyecto.

En un principio parecía que aquello no iba a prosperar. Carlos aún no era lo bastante conocido como para que su biografía despertara demasiado interés y pudiera venderse, me dijeron que era una inversión arriesgada. Entonces se me ocurrió plantear la posibilidad, para reducir los gastos, de que yo mismo, además de escribir el libro, podría hacerme cargo de su maquetación y su diseño sin cobrarles nada. Por otra parte, también les propuse (por supuesto, después de consultárselo a Carlos) que estábamos dispuestos a percibir los derechos de autor no en dinero, sino en libros. A María y a Silverio aquellos planteamientos les parecieron aceptables (¿cómo no?) y el libro se pudo hacer realidad. Lo publicamos en los primeros días de octubre de 1983, coincidiendo, tal y como habíamos previsto, con la salida del disco Si estuvieran abiertas todas las puertas, obra en la que Carlos incluyó canciones referenciales de su repertorio como «Tango de las madres locas», «La metamorfosis», «Elisa», «Hijos de la calle» y «La estrella perdida».


Recuerdo, a modo de anécdota, que cuando firmamos el contrato pensamos que solo utilizaríamos una parte de los libros que nos tenían que entregar (llegaron a ser más de trescientos) para la promoción del disco, cosa que no tuvimos más remedio que hacer con todos, puesto que la editorial, al entregárnoslos, ya se encargó de estampar en todos y cada uno de ellos un sello bien visible que ponía: «Ejemplar NO VENAL».

La redacción de aquel libro fue una aventura apasionante. Me planteé como objetivo penetrar en lo que llamé «el umbral del silencio» de Carlos, con el fin de ir mucho más allá de sus datos biográficos y llegar, en lo posible, al descubrimiento de su humanidad y su mundo interior, de donde, sin duda, nacían sus canciones.

Compartimos y hablamos relajadamente muchas horas, lo que me permitió conocer bien su intimidad y su pensamiento, al mismo tiempo que fuimos afianzando entre nosotros una más sólida relación de amistad y de cariño.


A finales del verano de 1983 montamos una pequeña oficina en Madrid desde donde pusimos en marcha la estrategia de promoción que habíamos diseñado durante meses. Un plan que consistía básicamente en la presentación del libro y del disco. 

Fue un trabajo duro y pasamos bastantes nervios pero, en realidad, nos reímos mucho y compartimos no pocas satisfacciones. En aquellos días presenté a Carlos a una serie de amigos que, tras conocerle y escuchar sus canciones, decidieron ayudarnos. Entre ellos, Eduardo Úrculo, Amadeo Gabino, Fernando Bellver, Manuel Arcorlo, José Hernández, Isabel Villar, Eduardo Sanz, José Luis Verdes, Rafael Canogar, Amalia Avia, Basilio Martín Patino y Fernando Savater. 

La presentación del libro la hicimos en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el 18 de octubre y corrió a cargo de Fernando Savater, Maria de Calonge y un servidor. Fue todo un éxito. Carlos, con su acostumbrada timidez, en un momento determinado desapareció. Menos mal que al final pudimos rescatarle para que firmara algunos libros conmigo. 


Por cierto, relacionada con aquella presentación hay una anécdota que voy a referir porque me parece divertida y entrañable. Como andábamos muy mal de dinero, decidimos preparar nosotros mismos el aperitivo que íbamos a ofrecer después de las palabras de presentación. Lo hicimos en mi casa, entre Carlos, Alicia (el gran amor en la vida de Carlos), Tonona, mis hijos y yo. Preparamos las tortillas de patatas y los canapés, cortamos queso y jamón, compramos frutos secos y lo trasladamos todo en un taxi. Cuando llegamos al Círculo dispusimos las mesas con sus manteles y las viandas correspondientes y, a decir verdad, nos quedó mucho mejor que si se lo hubiéramos encargado al mejor bar de la zona. Así se hacían las cosas por entonces, y así era como los sueños se podían ir haciendo realidad.

A los cinco días de la presentación del libro, es decir, el 23 de octubre, presentamos el disco Si estuvieran abiertas todas las puertas con un concierto de Carlos celebrado en el teatro Salamanca de Madrid. Precioso concierto en el que felizmente tuvimos que colgar el ambiciado cartel de «Agotadas las localidades».

Con motivo de ambas presentaciones se me ocurrió crear un grabado o un aguafuerte de corta tirada que fuera un recuerdo testimonial de aquel momento en la vida profesional de Carlos, al tiempo que una invitación muy especial para la participación de las personas más amigas en los dos encuentros que habíamos organizado. Para ello hablé con el escultor Amadeo Gabino, con quien mantenía una muy buena amistad. Le encantó la idea y nos pusimos a trabajar en ella. Una vez creada la plancha por Amadeo, realizamos la estampación en el taller de otro gran pintor amigo, Fernando Bellver.

La imagen del aguafuerte representa una puerta que se abre a la posibilidad de la luz y la utopía, e iba acompañada de dos fragmentos poéticos manuscritos. El de la parte superior está tomado de un texto que le escribí a Carlos para la carpeta de su disco, y el de la parte inferior es un fragmento de la canción «La estrella perdida» de Carlos Cano.


«Por encima del tiempo y el espacio;
surge el SILENCIO.
y en el silencio hoy de nuevo, la ESPERANZA,
y el sueño, y la fe, y la UTOPÍA.
Y en el silencio la visión conmovedora
de una puerta,
una sólida y desafiante puerta, cerrada desde siglos,
que cobra ligereza en su apertura».
(Fernando González Lucini)

«La utopía
abrirá las fronteras
que al mundo separan
de la inmensidad».
(Carlos Cano)

A partir de 1983 se inició una nueva etapa en la carrera artística y discográfica de Carlos que se concretaría en 1985 con la aparición del álbum Cuaderno de coplas, publicado por Ariola.

Mientras acontecía todo lo que acabo de narrar, el 4 de marzo de 1983 Luis Eduardo Aute dio, también en el teatro Salamanca, su mítico concierto Entre amigos, acompañado de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Joan Manuel Serrat y Teddy Bautista. El 7 y el 8 de junio, se presentó en el mismo teatro el espectáculo Sudacas, creado por Manuel Picón, Olga Manzano, Rafael Amor y Claudina y Alberto Gambino. Y, por desgracia, el 14 de octubre, en Burgos, perdimos a Jesús de la Rosa, fundador y alma del grupo Triana, que falleció como consecuencia de un accidente de tráfico.

Finalmente, para concluir este capítulo, voy a reproducir un texto de Carlos Cano tomado de la biografía que publiqué en Júcar. Es un texto que retrata muy bien su personalidad y lo que fueron las raíces vinculantes de nuestra amistad. Recordemos que justo por aquel entonces yo estaba reivindicando el valor del silencio y de la interiorización en la «Sinfonía pedagógica en tres tiempos».


«Reivindico el silencio, reivindico la soledad, digo que no es mala, digo que el silencio es un tiempo que tenemos que recuperar, que hay que empezar a escuchar y a comprender la realidad desde el silencio para llegar a encontrarnos de verdad con nosotros mismos. Reivindico el derecho a decir: "Me encuentro tierno y sensible, sin que me dé la más mínima vergüenza. Reivindica la sensibilidad como fortaleza».

jueves, 11 de enero de 2018

PASKUAL KANTERO "MUERDO" EN WARNER MUSIC, NUEVO DISCO Y UNA INTUICIÓN FELIZMENTE CONFIRMADA.

Me siento feliz de poder compartir aquí donde CANTAMOS COMO QUIEN RESPIRA la noticia de que el cantautor PASKUAL KANTERO "MUERDO" ha fichado para la compañía discográfica Warner Music, y que en este momento se encuentra grabando su cuarto disco titulado "LA MANO EN EL FUEGO", producido por Fernando Illán.

Paskual Kantero "Muerdo"

Esta buena noticia viene a confirmarme una convicción personal que yo mismo manifestaba en este blog hace seis años –concretamente en diciembre de 2011– tras conocer y escuchar cantar a Muerdo por primera vez. Decía entonces:

«Me aventuro a afirmar –motivos tengo– que Paskual Kantero "Muerdo" puede llegar a convertirse, en poco tiempo, en uno de nuestro "cantautores" de mayor inspiración y calidad. Yo así lo creo. [...] "Muerdo" cuando se echa a cantar tiene la capacidad de fundir en su voz la fuerza de sus convicciones y de sus creencias –que tiene bien asentadas, y que son profundamente críticas y, a la vez, esperanzadoras–, con la intimidad que se le desboca de los sentimientos, de los latidos y de las ternuras que se niega a reprimir o a enmascarar. Una forma de cantar con sangre; con el alma; con todo su pasión  y su rebeldía...; y además de cantar bien.»

Aquella intuición personal, fundamentada en mis muchos años de acercamiento, audición y disfrute de la "canción de autor", hoy se está haciendo realidad gracias al empeño, al trabajo y el "buen hacer" –no siempre fáciles– de Paskual a lo largo de estos seis últimos años.


PASKUAL KANTERO "MUERDO" en estos seis últimos años ha sabido rodearse de muy buenos músicos; ha grabado tres discos; ha cantado y ha contado con la colaboración de Luis Eduardo Aute, Pedro Guerra, El Kanka, Rozalén, Rocío Ramos, Laura Granados, Lichis, Amparo Sánchez "Amparanoia", Perotá Chingó, Pascuala Ilabaca, Dani Aguilera, Kamankola o Mr. Kilombo; ha viajado por toda Latinoamérica empapándose del sentir, de la sensibilidad y de la música latina en todas sus manifestaciones; no ha dejado –contra "viento y marea"– de ofrecernos magníficos conciertos acústicos o acompañado por toda su banda; y, sobre todo, ha ido siendo capaz de engrandecer su riqueza y su pluralidad rítmica y melódica, y de imprimirle a sus canciones una indentidad crecientemente solidaria, humanizante y de absoluta credibilidad.

CD: "Flores entre el acero" (2011). Primera y segunda edición.
 CD: "Tocando tierra" (2013).
CD: "Viento sur" (2015).

Hoy "MUERDO" por derecho, y en justicia, ha logrado encontrar y disfrutar el reconocimiento a su trabajo y a su calidad, y yo lo celebro; primero porque supone una aportación importante, enriquecedora e innovadora para nuestra "canto popular" y para nuestra "canción de autor"; y en segundo lugar por el cariño y la amistad que compartimos.

Aposté por Paskual Kantero hace seis años, –como lo hice igualmente por Rozalén, o años antes por Carlos Cano, o lo estoy haciendo en este momento por la recuperación poética de Antonio Mata– y me siento afortunado de haber acertado.

¡Felicidades Paskual! ¡Mucha suerte! ... ¡Y a disfrutar, como sabes hacerlo, de tu nuevo disco "LA MANO EN EL FUEGO" y de la gira que vas a emprender por toda España a partir del 8 de marzo... Evidentemente, como vivo en Madrid, estaré contigo en el JOY ESLAVA el 22 de marzo.


Para obtener una mayor información sobre la gira "En el Fuego Tour 2018" de "MUERDO" puede acudirse al siguiente enlace: 

miércoles, 10 de enero de 2018

"MI VIDA ENTRE CANCIONES". CAPÍTULO 15.



Durante los años en que estuve publicando mis crónicas sobre la «canción popular» en Saeta Azul y Noticias Obreras, continué dando clases en el colegio Aula Nueva y seguí pensando e investigando sobre la ya mencionada relación, ya ni sé cuantas veces repetida, entre la canción y la pedagogía. Evidentemente, es un claro empeño que me ha acompañado siempre y que hoy sigue latente en lo que mi buen amigo Antonio Fernández Ferrer, uno de los fundadores del colectivo Manifiesto Canción del Sur, llama, cariñosamente, mi «empecinamiento».

A finales de 1979 se produjeron dos acontecimientos muy importantes en mi vida. Por una parte, conocer personalmente a Paulo Freire y tener la oportunidad de escudriñar con él su pensamiento pedagógico; y, por otra, empezar a dar clases en la Escuela de Magisterio ESCUNI de Madrid. Dos acontecimientos que se fundieron de inmediato y que dieron origen a la publicación de mi segundo libro, Música, canción y pedagogía.


Poco antes de empezar el curso académico 1979-1980, Dolores María Álvarez, directora de ESCUNI, me propuso impartir clases en la Escuela de Magisterio con el fin de hacerles llegar a los futuros maestros mis inquietudes y experiencias sobre la posibilidad de incorporar la «canción de autor» en las aulas y en las programaciones educativas. 

Por supuesto, la propuesta me encantó, la acepté y estuve dando clases en ESCUNI hasta 1988. Recordar a Dolores María, que ya se nos fue, me causa una serena emoción; ella ha sido una persona importante en mi vida profesional, sobre todo porque siempre confió en mis proyectos e hizo todo lo posible por impulsarlos. Además, nos unió una gran amistad. Sencillamente nos quisimos.

Justo en aquel momento, en el verano de 1979 (¡qué casualidad!), yo estaba replanteándome todo y creando un nuevo proyecto educativo incidiendo de nuevo en la necesidad de que la «canción de autor» entrara en las aulas. Proyecto al que decidí llamar «Sinfonía pedagógica en tres tiempos». «Este nombre», comentaría meses después, «surgió como una especie de broma entre amigos. Ahora me resulta familiar, me gusta y creo que traduce el contenido de lo que quiero expresar. Es un proyecto que desde que lo empecé a poner en marcha me produjo la sensación de estar inmerso en una especie de apasionante sinfonía liberadora».

Por entonces, acababa de conocer en persona a Freire y de «reempaparme» de su pensamiento. A la vez, me sentía muy impactado por la reciente lectura del libro Percepción y creatividad, de Óscar Oñativia. 


Con Paulo Freire en la presentación
del libro "Música, canción y pedagogía".
Inmerso en ese espléndido conjunto de referencias, aquel verano retomé el proceso «ver, juzgar y actuar» descubierto en los años sesenta en la obra Revisión de vida de Albet Marechal (que siempre ha sido para mí como una brújula), y lo modifiqué en tres nuevos tiempos: «percibir de forma creadora», «interiorizar críticamente» y «comprometer en la acción toda nuestra realidad corporal»; tres tiempos que, al entrar en relación con la música y la «canción de autor», se armonizaron para dar origen a una auténtica «sinfonía».

Cuando Dolores María me hizo su propuesta de trabajar en la Escuela de Magisterio le sugerí la posibilidad de crear una asignatura optativa que podría llamarse «Música, canción y pedagogía» en la que se presentara y se pusiera en práctica mi recién creada «Sinfonía pedagógica en tres tiempos». A Dolores le gustó el proyecto y, en septiembre, junto a otras asignaturas de libre elección, presentamos mi optativa al alumnado de segundo curso. 

Recuerdo que, desde aquel año que dejé ESCUNI en 1988, «Música, canción y pedagogía» se convirtió en la optativa más elegida. Siempre se cubrió el cupo de matriculación el primer día, en cuanto se abría la posibilidad de que los alumnos realizaran su elección entre las optativas propuestas.

La experiencia vivida aquel primer año con los futuros maestros fue extraordinaria, ¡cómo pude disfrutar y cuánto lo hicimos! Fueron muchas horas de percibir e interiorizar muchas canciones juntos, de comunicamos en torno a lo que aquellas canciones nos hacían sentir. Horas de sensibilidad compartida que no solo tenían una proyección pedagógica, sino que, como grupo, nos permitieron sentirnos y descubrirnos cada día más próximos, humanos y solidarios.

Conforme el curso avanzaba, fui tomando la decisión de escribir un libro que recogiera, en su primera parte, los fundamentos y los principios esenciales de la «Sinfonía pedagógica en tres tiempos», y, seguidamente, las experiencias y las vivencias que, semana a semana, íbamos compartiendo en las clases de ESCUNI.

Empecé a escribir mi nuevo libro aprovechando mi tiempo libre y lo publiqué aquel mismo año en la colección Audiovisuales EDEBÉ, de la Editorial Don Bosco. ¡Claro!, el libro se tituló Música, canción y pedagogía, igual que la optativa.

Quizá lo más novedoso para mí de aquella experiencia fue descubrir el valor del silencio y experimentar su elocuencia. Silencio imprescindible para poder interiorizar la música, disfrutarla y percibir lo que puede llegar a confiarnos o hacernos sentir en un momento dado e inesperado.

En ese sentido, empezamos a trabajar y a experimentar no solo con la «canción de autor», sino además con otras expresiones musicales. Recuerdo por ejemplo, y así queda reflejado en el libro, los montajes audiovisuales y las actividades de expresión que realizamos a partir de las composiciones de grupos como Secta Sónica, el grupo francés OSE con música de Herve Picart, o piezas instrumentales de Jordi Sabatés, Tete Montoliu, Santi Arisa, Manel Camp, Toti Soler o George Winston. Recuerdo también, muy especialmente, los hermosísimos momentos que vivimos aplicando la «Sinfonía pedagógica» a El carnaval de los animales, de Camille Saint-Saëns.

Ver desarrollo y resultados de la experiencia vivida
con niños y niñas de 8 años en el siguiente enlace de este mismo blog:
http://fernandolucini.blogspot.com.es/2014_03_29_archive.html

Del libro Música, canción y pedagogía conservo una reseña publicada en la revista Bordón (Revista de la Sociedad Española de Pedagogía) que, en su momento, cuando la leí, me produjo una tremenda satisfacción. En dicha reseña, firmada por Ignacio González Carrasco en junio de 1980, se decía lo siguiente: «Música, canción y pedagogía es el fruto del estudio profundo de la pedagogía de Paulo Freire, junto a una larga experiencia en el campo de la enseñanza. En el libro encontramos el puesto que la música y la canción deben ocupar en el proyecto educativo que busca no solo la liberación del hombre, sino su formación integral como persona. […] Se trata de un libro no solo para educadores y especialistas, sino para quienes comprenden que, en toda cultura, arte y vida están profundamente relacionados».